En la
pasada clase práctica
de la asignatura de Habilidades de comunicación en el Trabajo Social del día 8 de marzo asistimos a una
sesión en la que el
objetivo principal era realizar un ejercicio de reflexión acerca de alguna situación personal pasada en la que
nosotros mismos reconociéramos que teníamos
un problema y que intentamos solucionarlo, para contar al resto de los compañeros si queríamos voluntariamente, como nos sentimos en
esas diversas situaciones, como nos ayudaron, y si existía algún tipo de ayuda profesional
valorar qué nos aporto para poder superar nuestros problemas.
A lo largo
de la sesión varios
compañeros compartieron sus experiencias al resto de la clase en un ambiente de
escucha y respeto.
A continuación vamos a exponer tres historias
de los miembros de nuestro grupo:
1era Historia:
En tercero
de la E.S.O sufrí un
ataque de ansiedad, pero yo no lo sabía ya que era la primera vez que me pasaba. Me
sentí muy mal ante
esta situación ya
que me costaba contarles las cosas a mis padres, pero ellos me ayudaron,
actuaron por mi y recibí la ayuda de un profesional, algo que me vino muy bien, encontrándome muy a gusto con su trato
cercano pero a la vez profesional y que me ayudo a solucionar este problema.
2a Historia:
Cuando me fastidié el tobillo, me sentí
impotente, negando la situación para proteger mí autoestima
pero resulto ser una fractura y tuve que acabar acudiendo al médico aunque me costaba aceptar
tener que pedir ayuda y no quería ser una carga para nadie.
Cuando mi
familia, amigos me ayudaban lo que más me dolía era la pena que mostraban por mí, además de que para mí fue duro perderme clases así como dejar de ir a trabajar,
sentía que por un
error muchas cosas me estaban saliendo mal. Lo que más me gusto fue la gente que me ayudo y trato
como si estuviera como siempre y no los que me mostraron una ayuda tan
fraternal ante la situación.
3a Historia:
Tengo
asma, una enfermedad que implica falta de aire ante alguna tipo de esfuerzo o
en situaciones como una alergia o un enfriado se ve agravada. En esta ocasión llevaba unos días enfriada y notaba la falta de
aire pero no le di importancia al ser como “siempre”, pero en este caso no podía casi ni hablar y ni siquiera
fui capaz de hacer caso a mi madre e ir al médico esa tarde, algo que pague caro ya que
por la noche ante la necesidad de oxígeno tuvimos que ir corriendo a urgencias
donde me desplomé y
me desperté ya con
los goteros y con una enfermera a mi lado.
Con
respecto a la actitud de mi madre cuando le pedí ayuda no me gustó que me reprochara la situación y sus continuos “teníamos que haber ido antes”
Esto en mi
caso me hizo reflexionar acerca de lo difícil que nos resulta a veces pedir ayuda
Muchas
veces nos negamos a pedir ayuda y en ocasiones, aunque nos la ofrezcan, no
queremos aceptarla porque sentimos que somos personas autosuficientes y pensamos que el tener que recurrir a otras personas nos hace
más débiles y
vulnerables, pero lo cierto es que es algo natural, todos necesitamos de otros
en nuestras vidas. Y es por ello por lo que no debemos sentir vergüenza ni ningún tipo de reparo en hacerlo.
Y respecto
a la persona que da la ayuda, ya que a todos nos va tocar hacerlo, debemos
reforzar esta conducta , haciendo que la
otra persona se sienta cómoda y haciéndole
entender que ha hecho bien pidiéndonos ayuda.
Hola,
ResponderEliminarbien por el ejercicio y por tener el valor de contar vuestras experiencias. Cuidad la redacción y ortografía de frases como esta: "... y(,) si existía alguna tipo de ayuda profesional(,) valorar que(é) nos aporto(ó) para poder superar nuestros problemas.
Esta frase tampoco es muy clara: "...varios compañeros voluntariamente contaron algunas de sus experiencias y contaron con la escucha y la participación del resto de los compañeros, ya que era un momento de respeto hacia lo que nos estaban intentando contar,...".
Aquí faltan tildes: "que me ayudo", "me fastidie", "no me gusto".
Saludos,
JD